Hace un tiempo, alguien me dijo que yo era un milagro. No puedo negar que me sorprendieron las palabras de aquella señora, aquel "angelito de la guarda", como suelo denominar a las personas que de la nada aparecen ante determinada circunstancia y suelen ayudar, sacar de algún apuro, dar una mano, etc sin pedir nada a cambio. Son aquellas personas que uno no conoce y muchas veces nunca más volverá a ver, pero que en esa fracción de tiempo se vuelven manos amigas, almas bondadosas y uno piensa - al menos yo - "aún hay gente buena en este mundo...gracias por ello". Ese día llegué al aeropuerto, pues debía abordar el avión que me llevaría a casa. Me acerqué al counter para hacer mi registro y los inconvenientes no tardaron en aparecer y decir "¡Aquí estamos!". El problema era que estaba llevando más equipaje del que la línea aérea permitía. Era la primera vez que viajaba en ella, pues recién se habían fusionado con otra compañía y al final resultaron sien...
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