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lunes, 26 de noviembre de 2012

haciendo memoria

Resulta ligeramente difícil hacer memoria de algo que sucedió hace unos 30 años atrás, cuando aún era una niña, pues es revivir el pasado con el hecho que marcó no sólo mi vida, sino la vida de todos a mi alrededor: mi familia. Pero es importante que conozcan cómo se dieron las cosas y por ello lo voy a compartir con ustedes: lo que recuerdo y lo que mis papás me han contado.

Pensé en que sería un poco más fácil escribir acerca de la época en que fui diagnosticada y cómo sucedieron muchas de las cosas en aquel entonces, pero no resultó siendo así. Increíblemente, algunos de mis recuerdos están casi intactos y asumo que otros simplemente los guardé en una caja que permaneció sellada por muchos años.

A diferencia de muchas personas que fueron diagnosticadas con diabetes a temprana edad, yo sí recuerdo una vida antes de este cambio de dirección, es decir, una vida sin diabetes tipo 1.
Mi diagnóstico dejó impreso un antes y un después, eso suele pasar con los hechos importantes que nos marcan de por vida, ¿no?


Eran los años 80 y mi familia y yo vivíamos en una provincia al norte de Lima (la capital del Perú) por motivos de trabajo de mi papá. Un lugar cálido, no sólo por su gente sino por el clima, pero a veces llegaba a hacer mucho calor. Llegué de año y medio y tuve que regresar a Lima un  mes antes de cumplir los 6 años. En mi mente, este periodo de tiempo fue de una vida pefecta (aunque ésta no exista del todo en la realidad, pero sí en nuestro imaginario colectivo).

Vivir en provincia es totalmente diferente a vivir en la capital. Todos se conocen, se ayudan, casi no hay tráfico, podíamos andar en bici sin problemas, era una vida más tranquila y sin la premura del tiempo y las distancias. Y lo más bonito de todo es que hicimos muy buenos amigos con quienes siempre compartíamos fines de semana en familia, la piscina en el club después del cole, etc. ¿Una vida más sana y en familia?...quizá se pueda describir así.

Siempre fui una niña inquieta, fanática de los dulces (no por eso me dio diabetes, pero lo explicaré en otro post), juguetona y con mi hermana siempre encontrábamos la manera de pasarla bien y divertirnos. De un momento a otro, en junio de 1982 empecé a estar muy cansada, sin energía, me quedaba dormida en cualquier lugar y momento del día. Por ejemplo, en el colegio a veces mis profesores me encontraban durmiendo encima de la carpeta (pupitre) en el salón de clases, lo cual les sorprendía mucho; empecé a tomar mucha, pero mucha agua, e ir al baño a cada rato y a cualquier hora (incluso varias veces durante la madrugada). Mi mami me cuenta que era una sed excesiva y que curiosamente tenía olor a manzana en el aliento, un aroma muy particular. Sumado a todo esto, mi apetito aumentó de manera exponencial  (no era de comer mucho antes de este episodio y a veces mi mami me tenía que perseguir para que terminara lo que me había servido en el plato), pero al mismo tiempo empecé a perder peso de forma repentina, tanto así que mi mamá me comenta que llegó un momento en que me podía contar las costillas de lo delgada que estaba.

Ya para ese entonces, había recorrido todas las especialidades médicas (quién hubiera dicho que años después iba a hacer los mismos recorridos con el paso de los años...y no precisamente porque sea representante médico o algo por el estilo). En fin, pasé por muchos médicos, análisis, pruebas, rayos X, etc. Y sólo podían descartar diversos diagnósticos, pero ningún médico podía decirme qué era lo que me estaba sucediendo o qué tenía. Así que ante tal desconocimiento médico y mis papás viendo que cada día me consumía más, decidieron que viajara a Lima una tarde, de un momento a otro. Recuerdo muy bien ese instante, estaba en época de exámenes en el colegio y mi papá le dijo a mi mami "te vas esta misma tarde a Lima". Y así fue, mi papá se quedó con mi hermana - quien estaba en plenos exámenes de medio año - y mi mami y yo nos subimos a un avión cuyo destino final era Lima, donde mis abuelitos nos esperaban.

...(continuará).

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