día mundial de la diabetes 2016

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viernes, 8 de marzo de 2013

¿milagro...yo?

Hace un tiempo, alguien me dijo que yo era un milagro. No puedo negar que me sorprendieron las palabras de aquella señora, aquel "angelito de la guarda", como suelo denominar a las personas que de la nada aparecen ante determinada circunstancia y suelen ayudar, sacar de algún apuro, dar una mano, etc sin pedir nada a cambio. Son aquellas personas que uno no conoce y muchas veces nunca más volverá a ver, pero que en esa fracción de tiempo se vuelven manos amigas, almas bondadosas y uno piensa - al menos yo - "aún hay gente buena en este mundo...gracias por ello".

Ese día llegué al aeropuerto, pues debía abordar el avión que me llevaría a casa. Me acerqué al counter para hacer mi registro y los inconvenientes no tardaron en aparecer y decir "¡Aquí estamos!". El problema era que estaba llevando más equipaje del que la línea aérea permitía. Era la primera vez que viajaba en ella, pues recién se habían fusionado con otra compañía y al final resultaron siendo los más drásticos en cuanto a número de equipaje permitido. No hubiera sido un problema para mi si no fuera porque en esas maletas llevaba mis medicamentos, insumos e implementos médicos, todo sustentado con una carta del doctor explicando la situación. 
Al conversar con la persona encargada para poder encontrar una solución recibí un NO rotundo, así hubiera querido pagar por las maletas, la respuesta seguía siendo la misma. Y por último, me dijeron que enviara el contenido por Fedex...¡que seguro sí llegaba a Perú!
En aquel momento me sentí sin esperanzas de poder llevar mis medicinas e implementos a casa, una de las razones de mi tan ansiado viaje.

Milagro ¿yo?, parecía una broma, al menos para mi, si consideramos el background (historial) médico que tengo. Mi lista de complicaciones es más larga que los requisitos para acceder a un seguro médico particular en Perú.
Pero ella mencionó algo que después me hizo pensar durante mi travesía camino a casa.
"Considérate un milagro porque teniendo todo eso aún sigues con vida, sigues aquí. Cuántas veces personas cruzan la calle y dejan de existir, estando totalmente sanas. Dios debe quererte mucho".

No sé si considerarme un milagro, quizá una parte de mi fe se extravió en alguno de los laberintos de la vida y no he vuelto a recuperarla, no del todo. Pero no puedo negar que lo que me sucedió ese día y aquellas palabras me hicieron reflexionar acerca de muchos temas, que aún siguen dando vueltas en mi cabeza.
Y es cierto, si aún sigo por estos lares es porque tengo que aprender mucho todavía y, quien sabe, también ayudar y compartir mi testimonio de vida y es lo que estoy tratando de hacer a través de este blog.

La factura que nos pasan las enfermedades crónicas (y no estoy hablando en términos monetarios) es muchas veces demasiado grande y conforme pasan los años, muchas veces (no siempre), se incrementa. Si mis decisiones, aciertos y errores (a lo largo de estos 30 años) ayudan a otras personas a darse cuenta y tomar conciencia de qué tan alto es el costo que considero me ha tocado pagar en algunos aspectos de mi vida (más adelante les contaré la historia completa) me sentiré tranquila de poder compartir mis experiencias para que otras personas no pasen por las mismas situaciones teniendo conocimiento de causa.

Creo que ese es el milagro...haberme dado cuenta que muchas de las cosas a las que me dedicaba antes sólo generaban un vacío cada vez más grande en mi; ahora por el contrario, siento que mi vida y las experiencias, tanto mías como de toda mi familia, pueden guiar y apoyar a muchas otras familias y eso hace que de una u otra forma me sienta bien conmigo misma; y ese vacío...ya no está tan vacío gracias a ustedes que me leen...

2 comentarios:

  1. Realmente me siento orgulloso de mi hija Catherine, quien ha decidido compartir sus experiencias con su diabetes durante 30 años.
    La admiro, porque un día cuando era chiquita, y yo le tenía que poner la inyección de insulina, me preguntó: Si existe Dios, porque yo tengo que sufrir!!
    Quise explicarle que no era un castigo de Dios, ni ningún deseo de mal, sólo era un problema en su salud que se presentó, y no tenía una explicación. No pude ser convincente, porque no tenía una respuesta.
    Ahora que ella trata de ayudar a tantas personas que sufren de esta enfermedad, le respondería a esa pregunta sobre Dios: él te envío para ayudar al prójimo, porque tu ejemplo de constancia y fuerza de voluntad, es admirable.

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    1. Gracias por esas palabras papá, es cierto que muchas veces me pregunté por qué a mí, qué había hecho para merecer una enfermedad que no había pedido y por qué tenía que dejar mi niñez de lado (en cierta parte) para asumir responsabilidades tan importantes como mantenerme con salud y con vida. No es fácil para una niña y menos lo fue para mi hace treinta y pico años atrás, pero el apoyo de ustedes, mi familia, fue elemental, y sin ustedes no hubiera podido lograrlo. Gracias porque siempre estuvieron y siguen a mi lado apoyándome en esta lucha diaria.

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